La espectacular foto podría estar tomada desde elTelescopio Espacial Hubble o el James Webb. Sin embargo, la impresionante irrupción del planeta sol por el horizonte de La Loma, se acaba de captar en un teléfono móvil a siete de la mañana, desde la cumbre de Jabalcuz, a 1.614 metros de altitud. Con las elevadas temperaturas de calor (de Virgen a Virgen: delCarmen a la Asunción), los deportistas procuranejercitarse temprano, antes de que la estrella solar desprenda su máxima energía. Entonces se puede contemplar la maravillosa obra de la creación —“Laudato si”—, con el sistema planetario y las estrellas. La génesis de esta instantánea muestra un día cualquiera de entrenamiento, que comienza al trasladarnos en bicicleta durante veinte minutos desdela “Reja” de la Virgen de la Capilla, después de saludar a la Dueña, hasta las estribaciones de esta montañacaliza, de la que emanan aguas termales de origen kárstico. Tomamos la dirección a la Catedral, queiluminada a esas horas de quietud desprende paz;seguimos la trayectoria dejando las Carmelitas y el Camarín a un lado y la Merced a otro. Apenas circulan vehículos. Al llegar a la altura de la Fuente de la Peña, dirección a los Villares, las luces de la “montain bike” junto con las del Lucero del alba, Estrella de la mañanao la “Stella Maris” —formas distintas de denominar alplaneta Venus—, sirven de guía para llegar al puerto seguro. La luminosidad aumenta con el reflejo que cada mes el sol plasma en la belleza de la luna llena; para ver y que te vean mejor. Al encarar la empinada cuesta de la Vereda del Trompero, se hace precisopasar al piñón más grande, a la vez que resuena elcacareo de los gallos, en esas horas señaladas; laonomatopeya del “quiriquiquí” espolea la conciencia que nos recuerda la advertencia evangélica: “antes de que el gallo cante dos veces me negarás tres”. En estemomento nos descabalgamos de la compañera de viajepara atarla a un olivo. Emprendemos a trote vivo, pero controlando la respiración, la ascensión por el camino de hormigón hasta llegar al “mapa de España” (por la semejanza de su figura plantada de olivos) para acometer el “kilómetro vertical”. Ahora la sinfonía entre las chicharras y los grillos retumba en la oscuridad. La distancia en zigzag hasta la caseta del guarda forestal, en donde está la Virgen de Jabalcuz (la más alta de toda la provincia y escenario de memorables Romerías marianas), no supera los diez kilómetros. Si se accede corriendo entre las seis trochas verticales, con empinados desniveles, en menos de una hora se alcanza la cima. Se ofrecen fantásticas vistas a cien kilómetros alrededor: Sierra Nevada, La Pandera, Magina y Almadén, la campiña cordobesa, la lontananza manchega, los Villares, Torredelcampo, Jamilena, Torredonjimeno, Mancha Real, Martos, Baeza... Antes del descenso en vertical por la vaguadaa modo de eslalon de esquí con una depurada técnica, durante veinte intensos minutos de concentración, no puede faltar una Salve de despedida a la Virgen, en este santuario natural. El silencio reinante invita a la reflexión y a que broten las ideas. Existe unmicroclima con diferencia de hasta 10 grados de temperatura, y un viento que se intensifica en el Puerto del Aire, que cimbrea las copas de los alargados pinos.Se trata del ultrafondismo en un paraíso interior; eninvierno presenta el encanto de correr mientras nieva, con lluvia, granizo o ráfagas de viento hasta 70 km/h.A esas horas, antes del crepúsculo, la manada de jabalíes sube con estruendo por entre los cantosrodados, como un ejército en orden de batalla, después de beber agua de Río Cuchillo. Las ovejas bomberas y los corderillos de Manolo Torres, cuya calidad se asemeja a las ovejas segureñas, se ven amenazadas por estos mamíferos salvajes. Los zorros, águilas, búhos reales, cabras montesas, liebres, perdices, cernícalos, garduñas, jinetas…, conforman este hábitat. Aquí se comprueba cómo existen más ciclistas que corredores. Entrenar a esa altitud, mejorando la resistencia y la velocidad mediante el “fartlek”, dispara las endorfinas.Este apasionante deporte en medio de la naturalezaexige disciplina, preparación, cuidar la alimentación, llevar calzado adecuado, prevenir las lesiones… Con este espíritu se afronta el reto de una nueva jornada de trabajo, porque con Juvenal: “mens sana in corpore sano”.
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