¿Qué le pasa al fútbol sala roquetero? Una ciudad de 100.000 habitantes que se queda sin equipo sénior
Hablar de fútbol sala en Roquetas de Mar es hablar de una historia que durante años brilló con fuerza. Una historia construida desde la pasión, el trabajo y el esfuerzo de muchas personas que creyeron en este deporte. Sin embargo, hoy toca hacer una reflexión profunda, porque algo no está funcionando cuando una localidad de más de 100.000 habitantes corre el riesgo de quedarse esta temporada sin un solo equipo sénior representándola.
Y eso no debería pasar desapercibido.
Durante las décadas de los 90 y los 2000, el fútbol sala roquetero tuvo un nombre propio: la CD Balompédica Roquetas, un club gestionado por Félix Payán y su hijo Zeus, que llegó a competir en la categoría de bronce del fútbol sala nacional. Roquetas sonaba en el mapa del fútbol sala español.
Con la llegada de la pandemia, aquel proyecto dejó de competir y la localidad perdió una de sus grandes referencias.
En Aguadulce, hasta 2009 tampoco existía un club dedicado exclusivamente al fútbol sala. El Polideportivo Aguadulce contó durante un tiempo con algunas categorías inferiores, pero el proyecto no tuvo continuidad. Fue entonces, en la temporada 2009/2010, cuando nació oficialmente el Mena Aguadulce FS, afincado en las pistas de Pueblo Blanco, en la barriada del Rincón de la Gloria.
El Mena nació de un grupo de amigos, casi como nacen todos los proyectos deportivos verdaderamente importantes: desde la ilusión. La demanda de fútbol sala hizo el resto. El club comenzó a crecer, a sumar niños, familias y equipos, hasta convertirse en una referencia dentro del fútbol sala provincial.
Pero siempre con una realidad difícil: la humildad del proyecto y los constantes problemas económicos provocados por la falta de ingresos y de apoyo institucional.
En 2018 nació también la sección de fútbol sala de la AD Roquetas 2018. Su equipo sénior llegó a competir en Tercera División, en el grupo 18, hace apenas dos temporadas. Pero tampoco tuvo continuidad. El proyecto terminó desapareciendo.
Otro club, otra oportunidad perdida.
Mientras tanto, el Mena Aguadulce seguía creciendo. Hace dos temporadas llegó a contar con más de cien niños repartidos entre diferentes categorías, desde benjamines hasta infantiles. Una cantera importante, con jóvenes que encontraban en el fútbol sala una oportunidad para hacer deporte, competir y crecer.
Y de esa fuerza nació la pasada temporada un nuevo proyecto en la misma barriada: el CD Recreativo La Gloria de Aguadulce. Lejos de ser una debilidad, debía convertirse en una oportunidad para hacer crecer el fútbol sala y dar mayor visibilidad a un deporte que necesitaba apoyo.
Los resultados llegaron.
La pasada temporada fue histórica. En la categoría alevín de la Liga Provincial de Almería, tanto el Recreativo La Gloria como el Mena Aguadulce llegaron a la fase final, consiguiendo la clasificación para el Campeonato de Andalucía celebrado en Córdoba. Dos equipos de la misma zona representando a Roquetas de Mar en el ámbito provincial y autonómico.
Una demostración evidente de que hay cantera.
Que hay talento.
Que hay familias implicadas.
Que hay niños que quieren jugar al fútbol sala.
Y, sin embargo, seguimos avanzando demasiado despacio.
El ejemplo más claro ha sido el equipo sénior del Mena Aguadulce. Después de dos temporadas sin competir, el club decidió volver a sacar un equipo desde la Liga Provincial de Almería. Y la respuesta deportiva fue extraordinaria: una magnífica temporada, clasificación para los play off de la fase final de liga y una participación histórica en la Copa de Andalucía, donde el conjunto roquetero alcanzó la final y terminó proclamándose subcampeón de Andalucía tras caer ante el conjunto malagueño.
El equipo había demostrado que estaba preparado para dar un paso adelante.
Esta temporada le correspondía competir en Segunda Andaluza de Fútbol Sala.
Pero, salvo una sorpresa de última hora, no podrá hacerlo.
Y aquí es donde debemos preguntarnos: ¿qué está pasando con el fútbol sala en Roquetas de Mar?
¿Cómo es posible que una localidad de más de 100.000 habitantes, con instalaciones deportivas, con cantera, con clubes, con niños y con equipos capaces de llegar a finales autonómicas, pueda quedarse sin representación sénior en fútbol sala?
No es una crítica contra una persona concreta. Es una llamada a la reflexión y, sobre todo, a la autocrítica.
Porque los clubes tienen que gestionar mejor, buscar recursos, patrocinadores y alternativas. Eso también es una realidad. Pero las administraciones públicas, y especialmente una concejalía de Deportes, no pueden limitarse únicamente a observar cómo los proyectos aparecen, crecen, consiguen resultados y terminan desapareciendo por falta de apoyo.
El deporte no es únicamente fútbol de once.
El deporte también es fútbol sala.
Y el fútbol sala en Roquetas de Mar ha demostrado durante décadas que tiene historia, presente y cantera. Lo que parece faltar es una estructura que permita consolidar los proyectos y evitar que cada generación tenga que empezar de cero.
Primero fue la Balompédica Roquetas.
Después la AD Roquetas 2018.
Ahora el Mena Aguadulce no podrá, en principio, competir en la categoría que se ganó deportivamente.
Tres ejemplos distintos. Un problema que parece repetirse.
Mientras los clubes luchan por sobrevivir, los niños siguen entrenando. Los padres siguen pagando cuotas. Los entrenadores siguen dedicando horas. Los voluntarios siguen trabajando. Y los equipos siguen consiguiendo resultados.
Quizá ha llegado el momento de sentarse.
De escuchar.
De analizar.
Y de preguntarse por qué un deporte con tanta historia en la localidad no consigue consolidar un proyecto sénior estable.
Porque si esta temporada Roquetas de Mar se queda finalmente sin un equipo sénior de fútbol sala, no será simplemente una mala noticia deportiva.
Será un fracaso colectivo.
Y también el síntoma de que, durante demasiado tiempo, algo no se ha gestionado como debería.
El fútbol sala roquetero no necesita promesas. Necesita un proyecto deportivo serio, estable y con respaldo. Necesita que sus clubes puedan planificar sin vivir permanentemente al límite. Necesita que la cantera tenga un camino hacia el primer equipo. Y necesita que quienes tienen la responsabilidad de gestionar el deporte entiendan que apoyar no es hacerse una foto cuando llega una final, sino estar presentes durante todo el camino.
Porque el talento existe.
La cantera existe.
La historia existe.
Y la pasión, también.
Lo que falta es que Roquetas de Mar decida, de una vez por todas, si quiere que el fútbol sala avance o si seguirá permitiendo que sus proyectos nazcan, crezcan, brillen durante un tiempo… y terminen desapareciendo.
Una ciudad de más de 100.000 habitantes no puede resignarse a quedarse sin fútbol sala sénior.
Y si eso ocurre, todos deberíamos mirarnos al espejo y hacer autocrítica.
